TERRORISTAS BUSCADOS POR LA MEMORIA, VIVOS O MUERTOS
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JAMAS OLVIDAR
TERROR Y OBSCENIDAD - Agosto de 1984- Este payaso, Luciano Benjamín Menéndez, salía de un canal
de televisión, un grupo de gente le gritó ¡asesino!... y él sacó un cuchillo, a lo Moreira.
JAMAS OLVIDAR
Astiz, repudiado y reputeado por HIJOS durante el juicio
JAMAS OLVIDAR
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JAMAS OLVIDAR
MADRES, LUCHA Y DIGNIDAD
ENLACES
Abuelas de Plaza de Mayo
http://www.abuelas.org.ar
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
http://www.apdh.com.ar
Centro de Estudios Legales y Sociales
http://www.cels.org.ar
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas
http://www.desaparecidos.org/familiares
Madres de Plaza de Mayo
http://www.madres.org
Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora
http://www.madresfundadoras.org.ar
Servicio Paz y Justicia
http://www.derechos.org/serpaj
Hijos por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio
http://www.famdesapcba.org.ar/Hijos.htm
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos
http://www.medh.org.ar
Asociación de Ex detenidos-Desaparecidos
http://www.exdesaparecidos.org.ar
Comisión Provincial por la Memoria
http://www.comisionporlamemoria.org
Amnesty International - Argentina
http://www.amnesty.org.ar
Parque de la Memoria
http://www.parquedelamemoria.org.ar
Sin Olvido
http://www.sinolvido.org
Asociación Seré
http://www.asociacionsere.org.ar
Amnesty Internacional
http://www.amnesty.org
Centro de Derechos Humanos - Facultad de Derecho - Universidad de Chile
http://www.cdh.uchile.cl
Coalición Internacional de Museos de Conciencia en Sitios Históricos
http://www.sitesofconscience.org
Comisión Interamericana de Derechos Humanos
http://www.cidh.org
Comisión Israelí por los desaparecidos judíos en la argentina
http://www.jafi.org.il/education/argentina-desaparecidos/
Desaparecidos en Argentina
http://www.desaparecidos.org/arg
Equipo Nizkor
http://www.derechos.org/nizkor/arg
Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos
http://www.desaparecidos.org/fedefam/
Human Rights Watch
http://www.hrw.org
Instituto Interamericano de Derechos Humanos
http://www.iidh.ed.cr
Naciones Unidas
http://www.un.org
Nunca Más
http://www.nuncamas.org
Ojos Abiertos
http://site.voila.fr/lesyeuxouverts
Organización de los Estados Americanos
http://www.oas.org
Organización Mundial Contra la Tortura
http://www.omct.org
Las formas de contar la historia
http://textuales.blogspot.com
JAMAS OLVIDAR
La eterna vida de los fusilados
a las Madres de Plaza de Mayo
Fui guerrillero en los años '70, y antes desterrado por la ley de extranjería. Cuando nací ya traía en mi cuerpo la pólvora de la bala ciega que me mató por anarquista en la huelga de peones patagónicos. Me sacaron a bastonazos de la universidad cuando Onganía, y caí preso por patear el tablero del Gran Acuerdo Nacional. Me desaparecieron en la noche militar del año '76 junto a miles de mujeres y hombres como yo, católicos y no, villeros y amas de casa, militantes sindicales y de organizaciones armadas, estudiantes y médicos y albañiles, todos revolucionarios. Mi sangre toda roja manchó aún más el suelo apenado de la patria y todavía se niega a ser lavada por las tercas lluvias que siguen lloviendo en el sur. Sin embargo, volví a la vida en la lucha de mi madre, madre a su vez de mis 30000 compañeros desaparecidos. Asistí impasible a la impunidad. Vi en el sol del pañuelo blanco de mi madre la tenaz resistencia de mi pueblo al chantaje, al olvido, al perdón. Fui amado hasta la raíz cada vez que las Madres de Plaza de Mayo se negaron a recibir dinero y cargos políticos a cambio de mi vida. Fui niño otra vez en el sueño de mis hijos; crecí sorprendido y alegre en la rebeldía de la juventud de mi país lleno de América Latina, en los trabajadores desocupados, en los obreros que enfrentan a los mismos burócratas sindicales que fueron cómplices de mi desaparición. Ciertas partes de mí están encerradas en la injusta prisión que aún hoy sufren mis compañeros presos políticos. Sus palabras y pensamientos de libertad vuelan conmigo desde el fondo de las oscuras mazmorras donde sobreviven, llevando con sigo el mismo deseo, la misma convicción, que tuvieron mis hermanitos fugados de la cárcel de Rawson, masacrados en Trelew, vueltos al combate miles de veces. Desaparezco otra vez en la muerte inexcusable, incomprensible, de los cien niños que cada día, todos los días, suben al cielo sus vocecitas de leche con vainillas, asesinados por la riqueza de los capitalistas y su secuela de hambre y enfermedad para las cuatro quintas partes del país. No obstante, siempre estoy volviendo a la vida. Mi eterno regreso es consecuencia de la lucha, de la entrega, de la dignidad, de mi pueblo. Un día que fue 20 y era diciembre de 2001, regresé con fuerza a las mismas calles donde amé y me quisieron, donde me escondí del enemigo militar, donde fundé junto a mis compañeros las cien siglas del sueño revolucionario. Tiré a las patrullas policiales piedras recogidas en la gesta del Cordobazo. Me fusilaron por la espalda en la exacta esquina donde antes conspiré contra el régimen instituido. Caí treinta y pico de veces aquel solo día de diciembre, y me levanté tantas otras como cacerolazos hubo durante todo aquel verano. De los golpes que la caballería les propinó a las Madres aquel día, saqué para callos duros donde ahora rebotan los palazos de las fuerzas de (in)seguridad. Fui al Puente Pueyrredón cierto mediodía frío de junio y me mataron otra vez, y fui parido nuevamente en los hornos de la empresa Zanón, y en las costuras de las compañeras de Brukman, y en los cortes de ruta de la Verón y el MTR. Concurrí otra vez a mi propia muerte cuando los traidores se sentaron a comer a la mesa servida con mi asesinato. Burócratas de centro izquierda, de centro derecha, sacaron personería jurídica para subsidios con el testimonio de mi cabeza estallada en mil pedazos por la bala de una itaka policial. Ellos piensan que me matan definitivamente así, tallando mi nombre en una placa de mármol, haciendo fallutos minutos de silencio, cantando el himno en nombre de la paz que me mató aquel 20 de diciembre. Pero se equivocan otra vez. No saben que mi vida siempre es otra cosa, que cuando ellos van, yo ya fui y vine cien veces, de la ruta cortada al puente incendiado, de la rectoría tomada por los estudiantes a la fábrica expropiada al ex-patrón. Mi yo lleno de gente ya no tiene nombre ni apellido; ahora es viento que sopla desde atrás del corazón herido de mi pueblo, rengo de balazos pero regado también por sueños, por la memoria indócil de la rebeldía, por el deseo de cambiar la vida y vencer la indignidad capitalista. No hay cajón que encierre la estrella de mi ensueño ni muerte que detenga todo lo que todavía tengo para vivir, exactamente todos los siglos que le quedan a mi pueblo para seguir haciendo historia.
Demetrio Iramain, diciembre 2002
Centro de documentación de la cultura de izquierda
La memoria tiene sede propia
A partir de un convenio con el Gobierno de la Ciudad, el CeDInCI se mudará a una nueva casa. Se trata de un impresionante archivo, fundado en 1998, fruto de una investigación de años, que reúne libros, revistas, documentos, volantes y cartas relacionadas con el espacio progresista en la Argentina.
Por Mariano Blejman
La lista es muy larga y, de alguna manera, recorre la historia argentina desde una mirada particular y diferente. En un mismo lugar conviven con naturalidad, por ejemplo, una serie de escritos de Simón Radowitzky enviados a sus seguidores desde la cárcel de Ushuaia y una colección completa de la histórica revista Martín Fierro. Allí escribía Alberto Ghiraldo, poeta y amigo de Rubén Darío, quien también colaboraba en la edición. En el mismo sitio se pueden observar cartas de puño y letra que el socialista Nicolás Repetto recibió de Victoria Ocampo y Leónidas Barletta, entre otros remitentes ilustres. Todo ese increíble material está reunido en un lugar llamado CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina) y a partir de las gestiones llevadas a cabo por el Gobierno de la Ciudad, ahora –y durante los próximos cinco años– tendrá sede propia, eximida de alquiler, en una casa hasta ahora abandonada que pertenecía al gobierno porteño: Fray Luis Beltrán 125 (Rivadavia al 6300). Detrás de aquella colección está el historiador Horacio Tarcus, militante de izquierda, que viene juntando material sobre las izquierdas argentinas desde hace algo más de 20 años.
El CeDInCI existe desde 1998. Aunque está centrado en la izquierda, cubre un abanico enorme (ver recuadro) que va de históricas publicaciones anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas, de nueva izquierda, radicales, peronistas, democristianas, liberales, conservadoras, nacionalistas e incluso fascistas. La tarea de reconstrucción ha sido fatigosa y angustiante. “Muchas de las mejores publicaciones y libros se perdieron durante la última dictadura, por confiscación o autodestrucción. Los archivos de partidos políticos rara vez están abiertos al público; las colecciones privadas están celosamente custodiadas o falta información sobre su localización”, explica Tarcus a Página/12.
El Centro de Documentación nació como una manera de tratar de detener el drenaje de memoria que se manifiesta en el país. Ahora, además, recibe material de hijos o familiares de viejos militantes –muchas veces inclusive con la presencia de un escribano– que dejan sus materiales a disposición del público. “Lo más interesante está afuera: Amsterdam, París y Nueva York se han quedado con la historia de la izquierda en este país”, dice Tarcus, quien ha vivido en carne propia el problema de guardar la memoria en tiempos difíciles: durante la dictadura enterró en un patio su propia colección de libros, revistas y folletos. “Durante el ‘76 y el ‘80 dejé bajo tierra mis colecciones en una quinta en Ituzaingó. Gracias a eso ahora pueden estudiarse, aunque se nota el paso de la humedad.”
La sede anterior (que estaba ubicada en Sarmiento al 3400) fue visitada habitualmente por investigadores, periodistas e historiadores, pero también actuales militantes de HIJOS, por ejemplo, que llegan “para leer los escritos de las organizaciones en donde militaban sus padres”, señala Tarcus. Desde ahora, podrán leerse cómodamente en alguna de las luminosas salas las publicaciones clandestinas que hacían Montoneros y el ERP, por ejemplo, circulares internas y volantes que, “si no se salvaron al quedar enterrados, es porque fueron recuperados del exterior. En Israel encontramos un folleto que se había enviado a un Comité de Solidaridad con los presos políticos argentinos”. Se destacan también unos escritos de la Reforma Universitaria de 1918 y el archivo del comunista Fernando Nadra, unas cartas de Lisandro de la Torre, o una del escritor Julio Cortázar que le envió a una desconocida –al menos por ahora– militante argentina que había luchado en la Guerra Civil Española.
Si hubo en la historia un problema grave para la izquierda, fue el de la financiación. Y éste también es el caso del CeDInCI. Es por eso que, una vez más, por falta de recursos, se apeló a la militancia: “Sólo un 5 por ciento del material que hoy puede verse ha sido comprado. El resto son donaciones”. Ahora, el gobierno le dio una casa propia y lo incitó a que presente un proyecto de ley para que la cesión temporal se convierta endefinitiva. Además, la izquierda tenía consigo misma una deuda histórica: “Nunca tuvimos un proceso de acumulación cultural”, cierra Tarcus.


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